Tecnología para combatir el fraude bancario

 

Con un mayor uso de dispositivos digitales y transacciones bancarias, las prácticas de fraude también se han vuelto más frecuentes.

 

La pandemia Covid-19 ha provocado una serie de cambios en los hábitos de consumo, incluido un mayor uso de los servicios financieros digitales.

Las restricciones de tráfico y el distanciamiento social hicieron que las personas aceptaran el uso de los recursos bancarios en línea, ya que las agencias tenían que detener sus actividades o limitar el acceso, por razones de salud pública.

Un estudio realizado por Mastercard y Americas Market Intelligence (AMI) mostró que, antes de la pandemia, el 44% de los latinoamericanos utilizaba cajeros automáticos para acceder a sus cuentas o realizar transacciones. A lo largo de 2020, el número cayó al 27%. El número de usuarios de la banca en línea aumentó del 31% al 40%, mientras que el uso de aplicaciones móviles aumentó del 60% al 67%.

Con el mayor uso de dispositivos digitales para realizar compras y transacciones bancarias, las prácticas de fraude también se han vuelto más frecuentes.

Como resultado, existe una creciente necesidad de invertir no sólo en la educación de la sociedad para cuestiones de privacidad de datos, sino principalmente en recursos que promueven un mayor nivel de seguridad en los equipos y canales utilizados por los consumidores para el acceso a dichos servicios digitales.

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Para lograr este objetivo, la tecnología es un gran aliado, ya que ya no es posible garantizar la legitimidad de una transacción basada únicamente en credenciales de acceso al consumidor.

Con las frecuentes filtraciones de datos, además de las técnicas de ingeniería social, los delincuentes comenzaron a utilizar datos legítimos en intentos de fraude, siendo fundamental el uso de mecanismos más sofisticados para identificar comportamientos fraudulentos, principalmente a través de ecosistemas externos de datos e inteligencia artificial.

Con el fin de crear capas de protección en el mundo exterior, ya existen soluciones que, al integrarse con aplicaciones bancarias y de comercio electrónico, pueden evaluar las características de comportamiento del consumidor y su dispositivo como geolocalización, habitualidad, fiabilidad del entorno, características de navegación, datos de acceso y credenciales, perfil transaccional, historial de incidentes, entre muchas otras variables que pueden indicar un comportamiento inusual, como resultado de un intento de fraude.

Mediante la detección de eventos asociados con posibles ataques fraudulentos, como la clonación de tarjetas de crédito, la captura de datos sensibles y transacciones financieras sospechosas, estas soluciones pueden adoptar estrategias de evaluación de riesgos por puntuación, seguidas de mecanismos de autenticación inteligentes y menos invasivos, que tienen como objetivo reducir el riesgo de una transacción digital determinada, evitando que se realicen delitos o la exposición de datos sensibles.

Así, a través de una buena estrategia de prevención, asociada a la tecnología de última generación, es posible mitigar los trastornos derivados del fraude y acelerar la adopción de canales digitales.

Promover un entorno digital seguro, en el que los usuarios se sientan protegidos y cómodos para acceder a los recursos disponibles, no sólo contribuye al desarrollo de una sociedad más inclusiva, sino que también aumenta el índice de confianza en la institución, aportando beneficios a su imagen y permitiendo la expansión de la cartera de clientes, ya que se convierte en un referente de buenas prácticas y satisfacción del usuario.

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